martes, 30 de diciembre de 2008

CRÍMENES PASIONALES EN LA CIUDAD DE MEDELLÍN


Grupo de investigación: Omar Alejandro Jiménez Vélez
Katerine Vera

Diego León Barbosa

Redacción por: Omar Alejandro Jiménez Vélez


Docente Asesor: Milton Vásquez Patiño





SANGRE Y PASIÓN



CUANDO EL AMOR ES TAN FILOSO COMO EL CUCHILLO


Piel morena, ojos grandes y expresivos, una hermosura que robaba suspiros y miradas, así la recuerdan sus vecinos cuando caminaba por las calles del barrio Castilla de la ciudad de Medellín.

“Todavía ahora después de los años me pregunto por qué siendo tan hermosa y siendo tan joven, solo con 20 años, la asesiné”, confiesa Alejandro Martínez en medio de las paredes de la cárcel de Bellavista. Siempre que habla del asunto agacha su cabeza, junta sus manos y se recuesta contra sus muslos flexionados, de sus ojos intentan salir lágrimas, tal vez de arrepentimiento, de tristeza, de nostalgia o de culpa. El señor Martínez actualmente está condenado a 22 años de cárcel por el delito de homicidio culposo agravado por la muerte de Leidy García Gómez, cuando cumpla su condena tendrá 49 años.

Desde el punto de vista jurídico, la doctora Hilda Mary, coordinadora de la Unidad de Reacción Inmediata -URI- de la Fiscalía General de la Nación seccional Medellín, comenta que los crímenes pasionales se toman por acto de dolo, que se refiere a si hubo o no intención en el acto. Este tipo de crímenes se toman como actos que obedecen a una perturbación de la salud mental, por lo que se toma al acusado como un semi­inimputable (quien no posee la plena capacidad de entender el carácter ilícito del hecho).

Este argumento puede ser importante para la defensa, en la medida en que durante el proceso judicial no se tengan en cuenta las circunstancias agravantes del hecho.

Desde la psicología el prisma es distinto, Piedad Elena Hurtado Gómez psicóloga del ICBF, argumenta que los crímenes pasionales se producen generalmente por desconfianza, inseguridad, baja autoestima, carencia de inteligencia emocional, ira, venganza y posiblemente estados depresivos. Estos rasgos pueden estar en personas compulsivas.

Como patología se puede hablar de celotipia, no son celos normales, manejables, ya es una enfermedad. Los celos excesivos se manifiestan en persecución de la pareja, egoísmo profundo, no se respetan los espacios del otro y siempre se le piensa como infiel. En una crisis de celotipia no se pierde el contacto con la realidad, aunque podría darse en casos de esquizofrénicos.

La tipología de estos “asesinos pasionales” son: crear su propio mundo, lleno de fantasías, de ideas delirantes, de persecución, de falta de lucidez, de incoherencia. Pero la persona puede pasar por normal. Sobre qué sucede en la mente del asesino luego de ocurrido el hecho, Elena Hurtado dice que este puede suicidarse para expiar su culpabilidad o si se relaciona con otra pareja su tendencia será a repetir la misma patología.

Según Vicente Garrido, autor del libro: Amores que matan acoso y violencia contra las mujeres, expone que la mayoría de los asesinatos ocurren cuando la mujer trata de escapar del control de su pareja. Esto es importante, porque revela de modo muy claro que los asesinatos de mujeres a manos de sus compañeros, ya sean esposos, ex maridos, amantes o amigos, no son crímenes pasionales, porque matar a una mujer es un acto voluntario, una decisión consciente, no una pérdida de control. Esto es especialmente cierto para los hombres más violentos, los psicópatas, los cuales no actúan movidos por una furia incontenible, su corazón más bien late menos rápido y se ponen menos nerviosos a medida que actúan de manera más violenta.

El crimen pasional no hace sino describir una excusa, dado que entre el 50 y el 75% de los asesinatos de mujeres acontece después de que ella se marcha o decide hacerlo. La conclusión es obvia, es la separación, la pérdida de control, y no la discusión lo que provoca la violencia del hombre. De todas las formas de violencia, el homicidio conyugal es la que mejor se puede predecir, sin embargo, la gente es reacia a ello. Hay una respuesta muy sencilla; no se quiere imaginarlo ni pensarlo, ni predecirlo.

Leidy García Gómez y Alejandro Martínez eran una pareja joven, y supuestamente feliz, llevaban 2 años de casados y tenían un hijo de 11 meses de edad, ella se dedicaba a la labor de madre, cambiaba pañales, preparaba la comida y se encargaba de que todo en la casa se mantuviera organizado y limpio; Alejandro por otro lado trabajaba como profesor de sociales en un colegio de la ciudad.

Un día cualquiera, de esos que pasa desapercibidos ni interesa recordar la fecha, Leidy decidió divorciarse de su marido debido a su tendencia a ser violento y a gritarle constantemente. Ella terminó viviendo en la casa de Álvaro Gómez, su papá, junto con Jerónimo su bebé.

Las gotas menudas de un día gris caían ese viernes 12 de noviembre del 2008 sobre la ciudad de Medellín. El aire estaba viciado por el frío, eran las 10 ó 11 de la mañana en el barrio Boston, Leidy en casa de su padre preparaba el tetero para su bebé, estaban ellos dos solos, pero solo por un momento, por que de un momento a otro Alejandro dio una sorpresiva visita, estaba abrigado por una chaqueta negra de cuero y un jean azul y unas intenciones macabras, Leidy vaciló en abrir la puerta pero al final le permitió entrar, le ofreció a sentarse en la sala mientras ella se colocaba un saco y se quitaba su pequeña pijama rosa, Alejandro solo asentaba con la cabeza, Leidy entró en la habitación se disponía a cambiarse, cuando un golpe seco en el ojo la tiró en el piso, quedó pasmada al ver la mano empuñada de su exmarido, él sin afán, abrió su chaqueta y sacó una navaja “patecabra” y se abalanzó contra ella, la punta fría y filosa del arma penetró su cuello 1, 2, 3, 4… 37 veces consecutivas.

Juan Andrés un vecino de la localidad de Boston, al oír los gritos salió a ver que pasaba, observó a un tipo de chaqueta negra corriendo con las manos llenas de sangre, pero nada había preparado a Juan para observar la escena dantesca dentro de la casa de Álvaro; “las paredes, el piso y ella estaban llenas de sangre, mientras en la cuna el bebé se quedaba seco de los gritos y el llanto”.

El día gris se tiñó de rojo en el barrio Boston, el ambiente se volvió lúgubre y el crimen pasional se toma una nueva víctima.

Según el informe regional de homicidios de la Policía Metropolitana de Medellín, la Secretaría de Gobierno de Medellín y el Instituto de Medicina Legal, el año pasado (2007) hasta el mes de septiembre se registraron 542 homicidios, este año (2008), la cifra en mismo tiempo, daba cuenta de 735 homicidios, 193 asesinatos más frente al año inmediatamente anterior.

Este dato indica un incremento del 35.6% crímenes más en la ciudad de Medellín.

Los meses que presentaron la mayor cantidad de homicidios por mes son: Enero (88) Junio (89) Julio (94) Septiembre (87).

Los días donde se presentan la mayor cantidad de homicidios son: domingo (141) martes (117) y sábado (109).

Los estratos donde más se presentan estos casos de crímenes pasionales son los 1,2 y 3 con una gran mayoría de casos en estratos 2 en Medellín, particularmente en la comuna nororiental.

El tipo de arma más utilizado es: arma de fuego (550) arma blanca (152) otras (33).

Según el sexo, el informe arroja: 675 homicidios de hombres, frente a 60 muertes de mujeres.

Frente a las principales causas, se registran: El ajuste de cuentas por venganza (27.3%). Riña e intolerancia (14.1%). Enfrentamientos entre combos y desmovilizados (10.5%). Hurto (9.4%). Por establecer (7.3%). Pasionales (6.4%).

Esto equivale a 47,04 personas asesinadas en este año por crímenes pasionales, 25 homicidios más de esta índole, cuando en el mes de Junio, de este año (2008) La cifra era de 22. (Ver cuadro)


CELOS, RENCOR Y VENGANZA


Yurany lloraba desconsolada encima de su hermana mayor, luego de haber visto como el novio de Liceth Álvarez Jaramillo le daba un balazo en la cabeza mientras gritaba su nombre, luego como una lluvia que se ensaña dejó llover otros tres balazos sobre su cuerpo.

Ese domingo 13 de abril del 2008, Liceth y Yurany se dirigían como casi todas las semanas a la casa de la suegra de la hermana menor, las dos hermanas siempre iban a “tardiar” y si había partido del Deportivo Independiente Medellín se quedaban a observar el “cotejo” y a tomar una que otra cerveza.

Oscar Henao el mejor amigo de Liceth la recuerda como una mujer, rumbera y muy coqueta, pero fue esta última característica la que le arrebató su vida a los 20 años.

Yurany confiesa que su hermana estaba saliendo con dos hombres al mismo tiempo y uno de ellos era casado, nunca ha podido saber si la que mandó a matar a Liceth fue la mujer del hombre comprometido o el novio que tenía en esos momentos, incluso las autoridades aún no sabe quién fue el culpable de este homicidio.

Era un domingo caluroso, el cielo estaba azul y el sol calentaba intensamente el pavimento del barrio Villa Hermosa por la localidad de La Mansión, Liceth y Yurany caminan tranquilas y riéndose de las picardías que cometen los jóvenes de la actualidad.

A eso de las 9:30 de la mañana una moto frenó en seco, el tipo, con el casco puesto y las balas cargadas, disparó 4 balazos sobre la Liceth Álvarez Jaramillo.

La hipótesis que manejan sus amigos y familiares es que se debió a un crimen pasional por estar saliendo con dos hombres al mismo tiempo.

Una investigación realizada por la Universidad Nacional de Colombia (sede Bogotá) acerca de los “Mitos de matrimonio y celos contribuyen a cometer crímenes pasionales”, plantea que la sociedad colombiana ha heredado generación tras generación valores y mitos en torno al matrimonio, la mujer y los celos, que han contribuido a que se sigan cometiendo crímenes pasionales.

La sospecha de infidelidad y los celos son algunos de los causantes de estos comportamientos.

Pero este problema no es algo reciente. En la década de los 50, los periódicos ya registraban este tipo de hechos.

Norma Castillo, quien obtuvo la Maestría de Historia de la Universidad Nacional de Colombia, realizó su trabajo de grado “Crimen pasional en el semanario sucesos 1956 1962”, basado en hechos de los años 50, a partir de la lectura de las crónicas de esa época.

Allí encontró que la mujer jugaba un papel muy importante en cuanto a los crímenes pasionales, pues si ella no era virgen, perdía reconocimiento y respeto social y se acababa el eje familiar. De igual manera, se concedía que un hombre atacara a su pareja cuando ésta le era infiel o se tenía la sospecha.

Según la investigadora, algunos de estos comportamientos aún están vigentes, como la concepción del matrimonio como institución, la cual se debe mantener en la medida de lo posible, pese a que a veces implique violencia mutua.

Por otra parte, una investigación realizada por la entidad estatal Profamilia indica que de 1.138 mujeres consultadas, el 47% reconoció que por celos eran controladas insistentemente por sus respectivos compañeros sobre su paradero.

Esa situación es dramática para el 31,4% por ciento de ellas, pues afirmaron que sus parejas les impidieron el contacto con amigos y al 22,3% les prohibieron o restringieron incluso las visitas familiares.

Asimismo, el estudio de Profamilia señala que la forma más común de violencia contra las mujeres por los hombres celosos es la de zarandearlas (cuatro de cada 10 féminas), mientras los más agresivos intentaron estrangularlas.

Además, el 75% de los crímenes pasionales en Colombia son cometidos por los hombres, quienes actúan con más sevicia y de manera más premeditada, mientras las mujeres son más impulsivas y pasionales.


QUE LA PASIÓN NO TE MATE


Con frecuencia leemos que los hombres que maltratan a sus esposas beben mucho, que el alcohol esta detrás de una gran mayoría de los abusos.

Pero para comprender mejor la acción del alcohol en el agresor, hemos de recordar su habitual ansiedad y ánimo depresivo. El hombre maltratador se siente normalmente habitando un mundo hostil.

Vicente Garrido asegura que definir el perfil psicológico de quienes asesinan a su pareja es tan complejo como conocer las razones que los empujan a hacerlo. Sin embargo existen algunas señales y comportamientos que la pareja puede leer para darse cuenta si su pareja es un asesino en potencia.

Claudia Black Becker cita varios indicadores, estos no se dan en todos los casos, pero sí coinciden varios de ellos en una situación, y cuantos más hay mayor es motivo de preocupación.

Cuando la mujer tiene intuición que se halla en peligro

Cuando el hombre presiona a la mujer para que se comprometan o se casen

Cuando se resuelven los conflictos con hostilidad y agresión

Cuando emplea palabras que suponen abuso psicológico

Cuando usa amenazas, golpizas, abandono y restricción de dinero

Romper cosas en ataque de ira

Ha golpeado a otras mujeres anteriormente

Toma drogas o alcohol frecuentemente

Ha sido arrestado anteriormente por motivos de malos tratos y lesiones

Reduce el dinero para las compras personales de la mujer

No acepta rechazos de ningún tipo

Le quita importancia a los incidentes de abuso

Intenta implicar a familiares o amigos para mantener el control sobre ella

La vigila y la persigue

Suele echar la culpa a otros por sus errores

Él vivió de niño un ambiente de violencia

Provoca miedo y temor

Justifica la violencia realizada por otras personas

Ha habido varios incidentes de violencia en el hogar

Es demasiado celoso de cualquier persona

En ocasiones los profesionales de la salud mental hablan del acoso como de una “persecución obsesiva”, para destacar que una persona dedica muchas energías, en ocasiones durante mucho tiempo (meses incluso años), a seguir y atemorizar a otra.

Las formas de acosar son muy variadas, y muchas de ellas pueden combinarse. Quizás las más habituales sean llamar por teléfono, pidiendo una cita, amenazando o buscando escandalizar a la mujer con palabras obscenas, y buscar el acercamiento físico siguiendo a la victima por la calle, esperándola a la salida de algún sitio, entre otros.

Los comportamientos de persecución obsesiva más habituales son:

Llamadas de teléfono. Vigilancia en el hogar. Vigilancia en el trabajo. Seguir por la calle. Envió de cartas. Envió de correo electrónico. Daño a la propiedad. Amenazar con dañar a otros (familiares-excepto hijos-o amigos). Amenazar con dañar o llevarse a los niños. Entrar en la casa. Enviar regalos no solicitados. Empujar, golpear. Amenazar. Insultar. Agresión/abuso sexual. Retener un tiempo (detención ilegal). Maltratar/matar animales domésticos. Envío de paquetes conteniendo cosas extrañas. Incendiar algo de o en la propiedad de la víctima. Hacer denuncias infundadas a la policía/juzgado. Robar algo a la víctima. Molestar a amigos/familiares (llamadas, peticiones absurdas, entre otros.) Revisar o robar el correo. Amenazar con el suicidio. Usar a otras personas como medio para acosar.

Hay bastante unanimidad en considerar que el acosador más peligroso, el más proclive a emplear la violencia, es aquél que busca tener un amor que la persona amada no está dispuesta a ofrecerle. Es decir, es un apego intenso a un amor no correspondido; un amor que no se posee, aunque quizás sí se tuvo, como en el caso de Alejandro y Leidy.

Algunos datos que se conocen actualmente sobre el acoso en su relación con la violencia son los siguientes:

Las personas que acosan tienen una mayor probabilidad de presentar en su historia de vida los siguientes factores de riesgo: son varones, abusan del alcohol o las drogas, tienen patologías psiquiátricas, han vivido muchos fracasos amorosos, no suelen tener pareja cuando inician el acoso, y poseen una inteligencia superior comparada con el resto de delincuentes.

Los acosadores más violentos son los obsesivos enamorados, que son quienes han tenido una relación sentimental previa con sus víctimas.

La motivación primaria para el acoso no es sexual, sino la hostilidad hacia la víctima. La motivación percibida más común entre las víctimas es el control, es decir, las victimas sienten que lo que quiere el acosador, por encima de todo, es someterlas a su dominio.

La mayoría de las victimas sufren graves recuperaciones psicológicas, incluyendo ansiedad, depresión, cambios importantes en el estilo de vida, pérdida del apetito, trastorno del sueño, imágenes recurrentes que producen temor.


POSESIÓN NO ES PASIÓN


Para Vicente Garrido, el concepto de crimen pasional ha tenido mucha fuerza gracias a los medios de comunicación y aun en el ámbito de los juzgados. ¿Son todos los homicidios entre parejas “crímenes pasionales”?.

¿Qué se entiende, entonces, por “crimen pasional”? Si con ello se quiere significar improvisación y ofuscación, no parece ser el caso. La gran mayoría de los homicidios de mujeres son premeditados, son buscados y queridos por sus autores. Deberíamos llamarles “crímenes de posesión”, y no de pasión: cuando el homicida decide el ataque final ya hacía tiempo que pensaba que tal hecho “era inevitable”.

No era su pasión amorosa la que lo guiaba, sino su egocentrismo desmesurado, consiente en creer que hay personas que le pertenecen a uno, aunque ellos no quieran.

El agresor psicópata es el más peligroso de todos. El más temible, el más astuto, también puede ser el más violento, pero siempre el más destructivo porque anula y absorbe la voluntad de la mujer. Ninguna campaña en los medios de comunicación podrá contra su tendencia a dominar, su absoluta determinación a servirse de los demás.

También está el psicópata posesivo, es el agresor más violento, el que más interesantemente y durante más tiempo hará sufrir a la mujer. El que, si decide matarla, lo hará de forma muy premeditada.

Para Margarita Valencia Ortiz, trabajadora social del proyecto Paz y Democracia en la Alpujarra asevera que los celos tienen su raíz en los instintos innatos, es la parte animal de defender mi posesión.

Cuando el nivel de estrés es alto, esa idea de posesión no pasa a través del área frontal, de lo racional, sino que se manifiesta en una forma animal. Y eso empeora cuando hay droga y alcohol de por medio.

En Medellín el 80% de los crímenes pasionales se da bajo los efectos del licor generalmente, es el hombre el que actúa.

Este fenómeno se convierte en un problema donde hay factores económicos, sociales y familiares donde son responsables, las víctimas, los familiares de las víctimas, El Estado y obviamente el victimario, pero también los medios de comunicación, ya que estos generan imaginarios colectivos y transfiguran la realidad.

Cuando matan a un hombre nadie duda de la criminalidad de los asesinos. Cuando asesinan a una mujer, el crimen se interpreta como el resultado de “problemas pasionales”. Así es como la sociedad da la espalda al drama de la violencia familiar y transforma la agresión de género en un asunto de puertas adentro. Ignorar esto es introducir otro problema en nuestra sociedad.

۩ Los nombres de las víctimas, testigos y victimarios fueron cambiados por petición de las fuentes.



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